La mayoría de los encuentros ocurre en el domicilio de la acompañante, casi siempre con puerta directa a la vereda o un palier corto sin portería. Si preferís hotel, no hay dentro del barrio: se resuelve unas cuadras al sur, ya en zona céntrica. La tercera modalidad es que ella se acerque a tu alojamiento, algo bastante pedido por quien viene del interior.
El primer mensaje conviene que sea concreto: quién sos, qué día y horario buscás, cuánto tiempo y qué tipo de encuentro tenés en mente. La respuesta te va a decir si hay lugar y qué condiciones maneja. Se habla siempre con ella, nunca con un tercero, y ese ida y vuelta directo es la mejor forma de saber con quién te vas a encontrar.
Casi todo se atiende con cita previa y en franjas cerradas: como las unidades son chicas y las paredes finas, nadie improvisa ni superpone horarios. Llegar puntual, ni antes ni después, es parte del acuerdo. Y si el plan se cae, avisar a tiempo cuesta un mensaje y te deja la puerta abierta para otro día; la zona es chica y la palabra circula.
En cuanto a perfiles, predominan las independientes que manejan su propia agenda, con edades y estilos variados, uruguayas y extranjeras. Los servicios van del encuentro breve al rato largo con charla, masajes descontracturantes o eróticos y la modalidad GFE, más cercana y sin apuro. Cada anuncio detalla lo que ofrece; si algo no figura, preguntalo antes y no lo des por supuesto.